miércoles, 5 de enero de 2011

"Pondré enemistades entre ti y la mujer...ella te aplastará": Cómo se entiende la célebre predicción y maldición divina

Nuestra Señora aplastando la serpiente
Talla vinculada a las Revelaciones de N.S. del Buen Suceso
y a la Madre Mariana de Jesús Torres y Berriochoa (Quito)
51. Es principalmente de estas últimas y crueles persecuciones del diablo, que irán en aumento de día en día hasta el reinado del Anticristo, que se debe entender esta primera y célebre predicción y maldición de Dios, lanzada contra la serpiente en el paraíso terrenal. Es oportuno explicarla aquí para gloria de la Santísima Virgen, salvación de sus hijos y confusión del demonio.
“Inimicitias ponam inter te et mulierem, et semen tuum et semen illius; ipsa conteret capuz tuum, et tu insidiaberis calcaneo ejus (Genes. III, 15): Pondré enemistades entre ti y la mujer, y entre tu raza y la suya; ella misma te aplastará la cabeza, y tu tenderás emboscadas a su talón”.
52. Dios nunca ha hecho y formado más que una sola enemistad, pero ésta irreconciliable, que durará -y aumentará inclusive- hasta el fin: y es entre María, su digna Madre, y el demonio; entre los hijos y siervos de la Santísima Virgen, y los hijos y secuaces de Lucifer; de modo que la más terrible enemiga que Dios ha suscitado contra el demonio es María, su Santa Madre. El le ha dado inclusive, desde el paraíso terrenal -aunque Ella no existiera aún más que en su mente-, tanto odio contra este maldito enemigo de Dios, tanta industria para descubrir la malicia de esta antigua serpiente, tanta fuerza para vencer, echar por tierra y aplastar a este orgulloso impío, que él la teme, no sólo más que a todos los ángeles y hombres sino, en cierto modo, más aún que al propio Dios.
Y no es que la ira, el odio y el poder de Dios no sean infinitamente mayores que los de la Ssma. Virgen –cuyas perfecciones son limitadas- sino:
primero, porque siendo Satanás orgulloso, sufre infinitamente más al ser vencido y castigado por una pequeña y humilde servidora de Dios, y su humildad lo humilla más que el poder divino;
segundo, porque Dios le ha dado a María un poder tan grande contra los demonios, que éstos temen más -como se han visto obligados a confesarlo frecuentemente por boca de los posesos- uno solo de sus suspiros por alguna alma, que las oraciones de todos los santos, y una sola de sus amenazas contra ellos, que todos los otros tormentos.
TRAITÉ de La Vraie Dévotion à la Sainte Vierge, S. Louis-Marie de Montfort, PÈRES MONTFORTAINS (Cie. de Marie) , Louvain, Belg., pp. 50-52
Nuestro Comentario
Por los años 60-70 comenzó a producirse un cambio en la catequesis y en la mentalidad de los católicos. Sin proclamarse errores manifiestos, comenzó un proceso de silenciamiento de ciertas verdades que llevaron a los cristianos a "renguear", al decir del Profeta Elías, practicando unas virtudes y olvidando otras. El espíritu católico se forja en base al equilibrio en las virtudes, de que Nuestro Señor es el divino Modelo, de conmovedoras efusiones de Bondad y Misericordia, y de terrible combatividad contra el mal y el demonio: "No he venido a traer la paz sino la espada".
Se enseñaba entonces que siempre hay que poner la otra mejilla, se difundía, con optimismo -mientras el mal avanzaba- "sonríe, Dios te ama", que no hay que odiar a nadie, insinuando que ni siquiera al demonio.
Hoy en día nos encontramos semi-inermes ante los secuaces de satanás que quieren implantar la matanza de los inocentes y otras aberraciones. Si nos hubiesen acostumbrado desde niños al deber de odiar al demonio como lo hacen Dios y la Ssma. Virgen, a odiar las acciones de sus instrumentos humanos, si nos hubiesen enseñado que Ella fue suscitada para echar por tierra, vencer y aplastar al demonio y sus obras (obras ejecutadas por hombres y mujeres de carne y hueso...), los perversos no hubiesen avanzado de tal modo en la cultura, en el poder, en la propaganda, en el mundo de hoy.
Las proféticas enseñanzas de San Luis María, que nos muestran la enemistad entre la Virgen y Lucifer, la lucha entre el bien y el mal, centro de la historia, nos permiten abrir los ojos a la realidad y también abrir el alma para ser regenerados de esa deformación por la Santísima Virgen y adquirir la sagacidad y fortaleza necesarias para ser verdaderos imitadores de Cristo y pelear el buen combate, por todos los medios legales, en los días de hoy.
Le pedimos al Niño Dios por intermedio de Santa María y San José que nos dé todas las gracias necesarias para serle fieles en la hora actual.